Por Paco Prado

La soledad es una realidad creciente. Algo por lo que cada vez ha de pasar más y más gente. Voluntaria o involuntariamente. Sea como sea, deberíamos dedicar algo de tiempo y esfuerzo a aprender a vivir en soledad. Es la única vía para llevarnos bien con nosotros y que otros quieran tenernos cerca. No es entendible, siempre lo he dicho y estos días parece que se confirma, que con tanta chorrada como aprendemos a lo largo de nuestra vida, no nos enseñen a todos, además de unas nociones básicas de medicina, a estar solos.

El confinamiento ha puesto sobre la mesa una realidad tan contundente como ignorada. En nuestro país un 10% de la población, 4,7 millones de personas, vive sola. Dejaremos para la próxima pandemia eso de analizar opciones de ocio para quienes les toca estar en casa rodeados de la familia o de seres queridos. En esos casos poco hay que decidir, porque lo que haremos no dependerá de nosotros, sino de atender y contentar a los que más lo necesiten del grupo, ya sean críos o personas mayores.

Solos
Donde hay más libertad, para bien o para mal, también en estos días aciagos, es en los muchos hogares en las que hay un solitario ser humano.

En estos casos, cómo te lo pases, dependerá de cómo seas. Dicho esto, también se puede hacer algún esfuerzo para corregir el rumbo de los días y hacerlos más llevaderos. Gozosos incluso. Quedarse en casa unas semanas, solo, con todas las ayudas de distracción que hoy tenemos y las que podemos adquirir para completar el parque de actividades, puede ser algo exquisito.

Los inconvenientes de la situación no veo preciso enumerarlos, por obvios. Pero ventajas… haberlas hay las.

Todos en casa
Estos días están prohibidas muchas de las actividades que la gente sola suele odiar. Desde las aglomeraciones excesivas a tener que volverse loco para pensar dónde vamos en el próximo puente o en las próximas vacaciones. Siempre ha habido mucha gente a la que le gusta quedarse en casa. Más de la que lo reconoce. El mal rollo venía al percibir que todos están ahí fuera pasándoselo pipa. Es cierto que uno se quedaba en casa porque quería. Pero molestaba un poco que tanta gente te restregara su presunta diversión exterior.

Gozarlo
Ya que la situación es propicia para el aislamiento y la soledad sin culpa, sin sentirse un bicho raro, ahora lo importante es elegir bien las ayudas externas para alcanzar el punto de gozo en el confinamiento.

Películas bien elegidas. Libros seleccionados. Algún TRX, por si un día nos volvemos locos. Una buena conexión a internet y, como añadido extra, una guitarra, pandereta, harmónica, triángulo, botella de anís o similar. Si no sabemos tocar la guitarra ni nos gusta leer, ni hacer deporte, hemos de pensar que esta ocasión única se debe aprovechar para intentar activar determinados hábitos saludables. Pedirle a Amazon una guitarra y un TRX no costará más de 80 euros. Aunque no toquemos ni una cosa ni la otra, siempre nos servirán para mucho. Como, por ejemplo, saber que tenemos esa actividad ahí, esperándonos, y que, si no hacemos nada, con la de tutoriales que hay en internet, es porque no nos da la gana. Otra utilidad de relieve es eso de usar los citados complementos para hacernos fotos para lo que se las hace todo el mundo: transmitir lo guays que somos y lo mucho que molamos. Aunque tengamos una depresión de caballo.

Lectura
Los libros merecen una mención aparte. El buen solitario sabe que mucho de su estado de ánimo depende de lo que esté leyendo en ese momento. Si está con un libro apasionante, no hay lugar al aburrimiento. Lea o no, siempre sabrá que tiene ahí esa opción de echar un rato genial pasando páginas. Si tampoco nos gusta leer, podemos aplicar la idea esa de que esta es una ocasión inigualable para iniciarse ese placer. La clave estará en que elijamos o nos elijan el libro adecuado.

Nada
Otra opción. Más sencilla todavía. Dejar la mente en blanco. No hacer nada. Quedarse mirando el crepitar de la chimenea con los ojos perdidos en el infinito. Qué. ¿Que tampoco hay chimenea? Ningún problema. Nos puede valer con poner en la tele o en el ordenador uno de esos videos de horas que recogen la imagen y el sonido de una chimenea. Mano de santo para lo que más necesitamos estos días, no pensar.

Que no pase el tiempo
En lo único en que todos, absolutamente todos, estamos de acuerdo es que esto pasará. Ocurre que no debemos olvidar que pasará esto… y todo. Más pronto que tarde estaremos hace mil años muertos. El tesoro único con el que contamos es el del tiempo. Si uno desea que pase rápido es que está desperdiciando la vida. El reto hoy, con virus o sin él, es el mismo de siempre: Hacer lo que sea para llegar a desear que no pase el tiempo. Esa es la meta.

La receta vale para el confinamiento y para siempre: Huir, como del coronavirus, de los malos rollos, de la gente tóxica. Preocuparse sólo por lo que está en nuestras manos y tiene solución. Una copa, con el silencio o con nuestra musiquita de fondo, una chimenea y… tu recuerdo.

Y vengan confinamientos.