Cuando se abre un negocio hostelero, se empieza una carrera por sobrevivir, por hacerse hueco en un mercado especialmente saturado. En ese empeño se ponen ilusiones, recursos y esfuerzos como en ningún otro negocio. Cuando finalmente se consigue no morir en el intento, empieza lo realmente fuerte: mantenerse. La hostelería es una carrera de fondo, a permanente velocidad de sprint.

Cuando Enrique Ortuño me habló de El Coso del Mar, amaneciendo el siglo XXI, en plena época de bonanza, pensé que ese proyecto era muy atrevido. Digo ese porque la loca idea no era la única que barajaba, ni tampoco la más disparatada. En aquel entonces, como ahora, como siempre, al amigo Enrique le hervía la cabeza de ideas e ilusiones.

Se suele decir que si tienes un proyecto… no se lo cuentes a tus amigos, porque lo más normal es que te quiten la idea. Nuestros esfuerzos en frenar sus proyectos los teníamos centrados en otros que él sopesaba, más exóticos y rebuscados. Esa distracción le sirvió para, casi sin hacer ruido, concretar la “sencilla” operación: comprar un viejo edificio de la avenida Neptuno de Valencia y devolverle esplendor y gloria. Iba a ser, y fue inicialmente, un edificio de un restaurante por planta, cuatro en total, con distintos tipos de cocina. De vez en cuando recorríamos el esqueleto del edificio en obras de la mano de la ilusión de Enrique. “Aquí irá la cocina -me decía- aquí una oficinita, aquí el office…).  La idea era atrevida, pero aún se hizo más atrevida cuando, una vez ultimados los restaurantes, determinó convertirlos, menos la planta baja y el ático, en hotel. Fue acabar la obra y… volver a empezar. Otra vez de obras, en busca de las habitaciones más grandes, con las vistas al mar más espectaculares y el entusiasmo más desbordado. Y se abrió el negocio, pocos años antes de que desembarcara la brutal crisis. Si difícil es empezar un proyecto tan especialmente ambicioso, mucho más lo fue empezar dos veces y tratar de consolidarlo en plena crisis.

Todo ese camino culminó en el evento del pasado día 5 de diciembre, cuando toda la planta baja de este hotel restaurante en primera línea de playa, El Coso del Mar, celebró su 15 aniversario. Había mucho que celebrar y mucho se celebró. Toda la Valencia que cabía en el local estaba allí, dando y recibiendo cariño.

El Coso y el Coso del Mar

El Coso del Mar figura entre ese tipo de establecimientos que uno ha visto nacer, no ya desde el principio, sino desde antes, desde aquel precioso local de la calle Maderas, El Coso original, sin apellido marino.

Desde aquellas sobremesas de imborrable recuerdo en El Coso de la calle Maderas, hasta la jornada del pasado día 5 de diciembre, toda una serie de apuestas especialmente arriesgadas se han ido sucediendo, con Ortuño al frente, y con él su familia, de tripulación primero y compartiendo el timón después.

Han sido muchos años de equilibrios sin red, desde que visitábamos las obras hasta el actual día a día. Una celebración pocas veces tuvo tanto que celebrar.

Plácido

No se puede obviar que, entre todos los invitados, hubo uno que fue especialmente homenajeado con la admiración de los presentes, sobre todo con el cariño de Enrique y familia. La presencia de Plácido Domingo en la fiesta sirvió también de homenaje, de obsequio para todos los presentes, extasiados con la posibilidad de tener al maestro tan cerca.  Plácido Domingo y su mujer, grandes amigos de la casa, quisieron compartir este momento de festejo, de meta volante, de cargar energías para seguir.