Viajar, a mí, cada vez me da más pereza. Pensar en las maletas, los aeropuertos, los aviones con sus retrasos imprevistos, los trenes con sus retrasados ruidosos… Qué pereza. Si añado el dato de que no me gusta conducir, nos queda un panorama divino para viajar.

Con todo esto, cada vez más, opto por recorridos cortos, en coche, donde el control es mío y si llego tarde o pronto lo decido yo. Además, la persona que se sienta a mi lado también la elijo yo. Pero, como ya digo que lo del volante no es tampoco lo que más me pone, sueño con llegar al destino, dejar el coche y no tocarlo hasta el viaje de vuelta. Jamás lo había conseguido… hasta ahora.

Vivood Landscape es un hotel de lujo en Benimantell, al lado de Guadalest, en Alicante. Lujo en todos los sentidos. Una coreografía de excelencias que no deja resquicio a la crítica. Ni aunque seas muy exigente, extremadamente exigente o un histérico de la exigencia, la excelencia y el detalle. Ni esforzándome conseguí encontrarle pegas significativas. Me estoy haciendo viejo. Con lo que yo he sido…

Tuve, digamos que por casualidades de la vida, la ocasión de recaer en el Vivood (mezcla de vida y madera, en español e inglés), cuando acababan de abrir al público, en agosto de 2015. Se juntó un lugar recién inaugurado, lleno de lógicas imperfecciones iniciales, con una mente analítica y criticona como la mía. El resultado fue que les di un largo listado de cosas a mejorar. He podido constatar, cinco años después, que esas mejoras las han implementado, además de otras muchas, hasta cuajar un lugar en el que no tendrás que preocuparte de nada, aparte de pagarlo. Personalmente, aunque he pasado ciertas penurias y me importa el vil metal como a todo el mundo, considero que el disgusto que te da el precio de un hotel o un restaurante no es nada comparado con el que te llevas si no cumplen tus expectativas. Vivood cuenta con varias tarifas, pero con un único nivel de satisfacción total en el visitante.

La piscina infinita, la quietud del lugar, el paisaje invadiendo hasta la ducha, el servicio, el nivel de la restauración… todo colabora a que, como digo, no pienses en moverte de ahí. Para nada. Nunca. De todos modos, si una tarde la quietud es excesiva, al lado, por ejemplo, está Guadalest, uno de los pueblos más bonitos de España.

Canta mi adorada Chavela que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida. Volveré a Vivood. Además… es sólo para adultos. Ahí lo dejo.

Una idea vencedora

El joven arquitecto Daniel Mayo, alma de Vivood, se abrió paso en un mundo, el hotelero, en el que parecía que estaba todo inventado. Y lo hizo inventando, con ideas nuevas y ganadoras. En Benimantell, en el valle de Guadalest, soñó un hotel que no se ve en un lugar en el que no se puede construir, con habitaciones que ya vienen construidas. Un hotel que no es más que una serie de respetuosos marcos concebidos para mostrar al huésped el impresionante valle. Un hotel desmontable, sostenible y… de lujo, por si eso de ser sostenible no fuera ya suficiente lujo.

Su inquietud tuvo su caldo de cultivo propicio en el proyecto Lanzadera, del empresario Juan Roig, presidente de Mercadona, donde los emprendedores buscan ese impulso que haga posible pasar del sueño a la realidad. Un total de 4.200 personas acudieron a la llamada. Sólo 15 fueron elegidos; Daniel Mayo entre ellos. El resultado fue poder contar con 1,2 millones de euros para iniciar la concreción de la idea. Era 2013 y en 2015 la patente de casas desmontables había dado lugar al hotel. En agosto de ese año pude sospechar la promesa de futuro. En agosto de 2019 esa perspectiva es una contundente realidad, condenada, si no cambia, a expandir su éxito.

www.vivood.com

Por Paco Prado.