Tengo a una de las madres más sobreprotectoras del mundo, no lo niego. Y que haya intentado criarme toda mi vida entre algodones no le ha impedido a enseñarme también a ser independiente y buscarme las habichuelas por mí misma, como ella dice.

Aún así sigue siendo imposible contarle que me voy de viaje y no dejarla preocupada. Es impresionante la cantidad de malos augurios que puede decirme en un minuto: “ten cuidado a ver si te pierdes”, “no confíes en la gente”, “mantén controlado el bolso vaya que te roben”, “abrígate o cogerás un resfriado” o mi favorita: “ve temprano al aeropuerto no vaya a ser que te encuentres un atasco en el camino, haya huelga de controladores aéreos o cierren la frontera y no puedas coger el avión”, que dices: mamá, puedo salir ahora mismo a la calle, tropezar, caerme al suelo y romperme una pierna. El peligro está a la vuelta de la esquina, no hace falta irse tan lejos.

También es imposible ir a visitarla y que no me llene el coche de comida y tuppers congelados después de decirme que estoy muy delgada y que no como nada. Y es que madre sólo hay una. Aunque la de cada uno sea distinta, todas se parecen en algo: en velar siempre por nosotros.

Por eso, y para hacerles un homenaje a todas esas madres que nos adoran, en este número de Bonus de mayo hemos preparado un especial “Día de la Madre”, con regalos y planes especiales que disfrutar con ellas. ¡Y es que qué mejor regalo que el de poder pasar tiempo con ellas!

Mayo también es el mes de las flores que nos acerca el verano y el buen tiempo. Si durante el otoño y el invierno aprovecho para ir a museos, exposiciones y hacer deportes de nieve, en primavera y verano me gusta hacer escapadas a la sierra o turismo de terrazas, como yo lo llamo, que no es otra cosa que pasar todas las tardes en terrazas de Madrid. ¡Y qué lujazo poder tomarte un café a las 4 de la tarde en una terraza en pleno centro de Madrid, con el sol calentándote las orejas!

Si, además, junto un festivo o puente con el fin de semana, me cuesta no hacer algún viaje al extranjero, preferiblemente Europa, en mi caso. No digo que no me atraigan destinos más lejanos como Emiratos Árabes, Japón o Estados Unidos, pero tenemos tal variedad de culturas en Europa que prefiero patearme en un fin de semana históricas ciudades como Praga, Viena o Bremen en vez de pasarme 11 horas de vuelo atrapada en un asiento incómodo y enano, sentada al lado del típico pasajero molesto que no se calla ni debajo del agua y que ronca cuando duerme. Y suerte si no te toca un grupo de adolescentes entusiasmados que van a hacer el viaje de sus vidas y no dejan de levantarse continuamente de sus asientos o la familia con niños que terminan convirtiendo el avión en una guardería. Aunque, también les digo que cuando he tenido que vivir una situación así, más pena me han dado los padres que yo misma.

Este mes, por ejemplo, quiero preparar algún viaje corto. No sé todavía si el destino será nacional o internacional, pero lo que sí tengo claro es que mi maleta tendrá lo mínimo: ropa para tres días, un libro y el cargador del móvil. Aunque claro, primero tendré que pasar por el trance de decírselo a mi madre…

¡Descarga el número de Mayo de Bonus!

Por Inma Peña