Comencé a escribir este artículo hace un par de semanas hablando de la importancia de cuidarnos, de comer bien y de las visitas que hacemos a los hospitales cuando nos olvidamos de ello. Pero resulta que a dos días de publicar Bonus he pillado un catarrazo de los buenos, propio del tiempo en el que estamos, de esos que te dejan K.O. Esta vez todavía me resisto a ir al médico –aunque puede que mañana tenga que ir, visto lo visto.

A pesar de mi resistencia, yo me paso la vida en los hospitales y centros de salud. ¿No les pasa? Piensen, ¿cuándo fue la última vez que visitaron un centro hospitalario? Quizás por herencia familiar –mi madre trabajaba de enfermera en un hospital- o por ser propensa a tener falta de salud, soy muy de visitar hospitales. La última vez que fui a uno fue a finales de julio. Pero cada dos o tres meses me toca visitar algún especialista: revisión, analíticas…

No nos damos cuenta de la importancia de tener buena salud hasta que carecemos de ella. Y es que, no sé si les pasa como a mí, pero entre las horas de trabajo, las clases de inglés, teatro, motivación personal, coaching, aquel curso que nunca terminaste, los compromisos familiares y sociales, y el “ve al banco” o “ve a recoger tal papel”, no tenemos tiempo de mirar por nuestra salud, más allá de ir al médico cuando vemos que la fiebre no baja después de dos días, como creo que me pasará a mí mañana.
Con lo importante que es comer, beber o hacer deporte y el poco tiempo que le dedicamos. Yo lo he intentado muchas veces. Este mes voy a cuidarme, voy a desayunar en condiciones todos los días, una pieza de fruta a media mañana y por la tarde, salir a correr y una cena ligera para dormir. ¡Ja! No me lo creo ni yo.

Aunque sea complicado cumplir con tan saludables deseos, es un paso imprescindible para pasar a recoger nuestro bonus. De nada sirve sentarnos en la mesa del mejor restaurante a ponernos hasta las trancas si no hemos estado unos días cuidándonos. Ocurre que, si estamos día sí y día también de comilona, ni nuestra mente ni nuestro cuerpo ni nuestro ánimo nos van a permitir disfrutar de la buena mesa, de una copa, de un viaje. El bonus hemos de ganárnoslo. La recompensa sin esfuerzo no tiene sabor.

Así que cuídense, coman sano y de forma equilibrada. Hagan deporte y manténganse lejos de ese virus que por ahí pulula. Así podrá presentar ese impoluto expediente para sentarse en la mesa del restaurante a lo que una se ha de sentar en la mesa de un restaurante: a pecar. Nos lo habremos ganado. Pasen página y vean algunas ideas para darse su correspondiente bonus. Ya saben, sólo si se lo han ganado.

¡Descarga el número de Noviembre de Bonus!

Por Inma Peña