Como si fuera 5 de enero y esperara a los Reyes Magos. Con una larga lista de buenos propósitos y bolígrafo en mano me propongo iniciar una nueva etapa en Bonus y tomar un relevo que, gracias al buen trabajo realizado siempre por este equipo, será sin duda todo un reto para mí.

Prometo reflexionar y dejarme llevar. Prometo trabajar y, sobre todo, ser muy proactiva para acercar al lector un punto más fresco y cercano. Porque, según el diccionario, proactivo es tomar la iniciativa y el control de las cosas.

Es aquel que predice, planifica y participa. Y yo quiero eso. Quiero predecir los siguientes números de Bonus, imaginar y planificar todos los contenidos que interesarán al lector, y participar en el ocio.
Denme tiempo para ubicarme. Pero no me dejen demasiado, pues el lector es exigente y hay que estar atentos a los cambios, especialmente ahora que llega el otoño.

Y es que creo que no hay mejor momento para empezar, o en este caso, retomar proyectos, que con la llegada del otoño. Mucho mejor que enero, cuando todos los buenos propósitos de año nuevo terminan en la papelera, a pesar de nuestros vagos intentos por que no sea así. Otoño es esa época en la que los árboles pierden sus hojas para acoger la entrada del invierno; en la que los niños vuelven al cole, para fortuna y descanso de algunos padres; los estudiantes vuelven al instituto; y los adultos retoman todo el trabajo que quedó amontonado en el escritorio durante el verano.

Es hora de ponerse la mochila de nuevo, -sí, también los adultos-, llegar a la oficina, saludar y besar a los compañeros como si no los hubieras visto en décadas, contarles tus fantásticas y maravillosas vacaciones, aunque no lo fueran, y ponerse de nuevo a la tarea. Algunos sufriremos depresión post vacacional o sentiremos la nostalgia del sol de aquellos días en la playa y de los cócteles por las noches, sin prisa por tener que madrugar a la mañana siguiente.

Pero, en este caso, vamos a intentar que no venga el fantasma de los recuerdos veraniegos a la cabeza. Pensemos en un futuro próximo, en todas las ideas que surgieron durante el verano tomando cervezas con los amigos, en esos planes estratégicos, y pongámoslos en marcha. Tomemos la iniciativa y el control de las cosas. Predigamos, planifiquemos y participemos. Seamos proactivos. Cojamos esa larga lista de buenos propósitos que hicimos durante el verano y cumplámoslos. No será fácil, ya se lo digo yo. Que todos los otoños me pasa lo mismo.

Siempre empiezas con positivismo y alegría, con esas frases de “todos los días daré un poquito de mí” o “este año no dejaré que me pille el toro” y, ¿cómo terminamos? Llegamos a Navidad sin haber cumplido ni un 10% de esos propósitos.

Pero, ¿y lo bien que te sientes antes de que llegue la frustración por no haberlos cumplido? Pues ahí queda el reto. Yo lo lanzo y ya me contarán en el próximo número.

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Por Inma Peña