Este nuevo número de Bonus, que tienen entre sus manos o en pantalla, es inevitablemente un Bonus veraniego enfocado a las vacaciones, les contaré que para buscar inspiración, porque he de reconocerles que no soy ni playera ni veraniega, habré encontrado más de veinte listas diferentes con el ranking de las diez, quince, veinte o veinticinco playas más bonitas de España y, de repente, enfrascada en esa tarea me di cuenta que todo lo relativo a viajar estaba lleno de listas: los diez mejores hoteles del mundo, las diez cosas que no hay que perderse si van a París, Málaga, Nueva York o, sencillamente, a Mijas, da igual, todo está listado, ordenado y organizado, solo requiere de usted una sola cosa, importantísima, eso es verdad, seleccionar, porque si quieren llegar a todo ya no serán vacaciones será un estrés horrible. Después de haber hecho por ustedes la selección de playas me dio por pensar en las listas, ¿por qué nos gustan tanto? Leerlas, hacerlas y utilizarlas, hasta el mismísimo Umberto Eco escribió un libro dedicado a ellas “El vértigo de las listas”, en el que apuntaba que “la lista es el origen de la cultura”.

Por lo que todo indica que no se trata de una preferencia que ha llegado con la tecnología, sino que ha estado durmiendo en nuestro interior desde siempre. Las listas nos fascinan porque nos transmiten la sensación de que existe un orden en un mundo caótico, nos ayudan a enfrentar la incertidumbre. Y ya sabemos que la mayoría de los seres humanos, entre los que me incluyo, odiamos la incertidumbre, nos encanta sentir que tenemos todo bajo control, aunque se trate de una sensación ilusoria y no miremos la lista de tareas pendientes en tres meses.

Por ejemplo, imaginen una receta de cocina explicada en una serie de párrafos consecutivos y ahora imaginen la misma receta escrita en forma de lista. ¿No les resulta mucho más fácil seguir las indicaciones cuando se presentan de manera sintética, enumeradas o con viñetas? Claro que sí, porque nos facilitan la vida y, sobre todo, las listas nos ayudan a organizar nuestro pensamiento. No es casualidad que a menudo los psicólogos nos indiquen que escribamos listas con los pros y los contras de las diferentes soluciones que tienen a su disposición para enfrentar un problema. Las listas nos ayudan a deslindar lo esencial de los detalles banales y eso nos permite tomar decisiones con mayor rapidez confiriéndole un sentido a cada alternativa. Y lo más interesante que he leído sobre las listas y que quiero compartir con ustedes, es que las listas pueden salvar vidas. En un estudio desarrollado por el reconocido cirujano estadounidense y colaborador fijo de The New Yorker, Atul Gawande, apreció que las complicaciones graves de los enfermos hospitalizados disminuyeron hasta en un 40% tan solo incluyendo procedimientos médicos paso a paso, en forma de lista.

Si les sirve mi experiencia y todo lo que en los últimos días he leído sobre las listas para poder escribir este artículo, les diré que en lo que se refiere al contenido web, los artículos escritos en forma de lista son más fáciles de leer porque es mucho más sencillo encontrar la información que nos interesa. De hecho, los artículos que más éxito tienen en las redes sociales suelen ser los que incluyen listas. Por tanto, y dado que nuestro cerebro siempre tiende a la economía de recursos y le encanta la simplicidad y las listas parecen ser una de sus debilidades, tiren de ellas para planificar el veranito y luego me lo cuentan, o mejor, me hacen una lista.

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Por G. Peñalver