Queremos cambiar el mundo, empezando por el mundo entero. Directamente. Porque es muy cómodo y fácil acometer objetivos que sabemos que no están en nuestras manos, para lavarnos las citadas en cuanto vemos que no, que no hay manera. Y así volver entonces a solucionarlo todo en las encendidas charlas de cafetería, esas en las que, si a nosotros nos dejaran gobernar el planeta, haríamos esto y lo otro y lo de más allá y lo del más allá, incluso. Menos mal que no nos dejan.

Realmente, cambiar el mundo, lo que se dice cambiar este pobre mundo, se puede hacer atacando el tema por la base, por aquello que está en nuestras manos, por lo muchísimo que está en nuestras manos. Si, por ejemplo, queremos fomentar el buen rollo, la salud y todo eso, quizás no sea mala idea empezar por lo más cercano: por nuestras dos familias. Y hablo en plural, porque creo que, como yo, muchos de nuestros queridos lectores saben que tienen dos grupos de personas con las que se pasa buena parte de la vida, y a los que, incluso, se les acaba cogiendo cariño: la familia natural y la laboral. Miren por dónde, es muy probable que si el amigo lector es directivo o empresario, tenga más posibilidades de que le hagan caso en el trabajo que en casa. Con poco. Por tanto, por aquello de economizar esfuerzos, resulta una idea, cuanto menos interesante, empezar por mejorar el ambiente en su empresa.

Ha llegado para quedarse una moda que nos encanta. Cada vez más y más empresas están recorriendo el camino para convertirse en empresas saludables. Es un camino hacia nuestra propia salud y motivación, que además otorga ventajas concretas a la empresa. Cuidar la salud y el bienestar de la plantilla genera cuatro ventajas importantes a la empresa: mejor imagen de marca, mejor ambiente de trabajo, reducción de las bajas laborales y aumento de la productividad. ¿Cómo se consigue todo esto? Pasando de ser una empresa a ser una empresa saludable. Básicamente, inculcando costumbres de ejercicio y alimentación sana en las plantillas. No es una quimera, cada vez más y más empresas están volcándose con este tema, especialmente motivadas por los inmediatos resultados que se obtienen. La base está en facilitar al máximo que los trabajadores hagan algo de ejercicio. Con dos veces a la semana se consiguen unos resultados asombrosos, siempre que el ejercicio sea específicamente pensado para cada plantilla. Y, además… se les ponga especialmente fácil. Eso se consigue llevándoles el centro de entrenamiento a la empresa. Sólo hace falta una sala o un espacio para realizar los ejercicios y un profesor cualificado que adapte las sesiones a lo que necesita cada trabajador.

Actualmente en Valencia, Training Planet (info@training-planet.com) está ofreciendo una solución global a las empresas que quieren convertirse en saludables. Según su máxima responsable, Natalia Álvaro, “eliminamos las barreras de tiempo, espacio y conocimiento, para que la gente trabaje más animada, con la sonrisa que nace de la mejor alimentación y de la buena forma física”. Su firma, especializada en empresa saludable, cuenta con una plantilla de expertas y expertos entrenadores personales, licenciados en educación física y en asesoramiento nutricional. Sus especialistas ofrecen entrenamientos, que se dan en las mismas empresas, específicos para el tipo de trabajo que desarrolla cada plantilla. Con un base de Pilates se trabaja la corrección postural, la espalda sana, la elasticidad, el equilibrio y la concentración, además de reducir el estrés. Generalmente se alternan esas clases con otras de entrenamiento funcional, en las que se gana agilidad, tono muscular y fuerza. Estas clases se completan con cursos y talleres de cocina sana o de tupper sano, que hacen que los profesionales aprendan a alimentarse, como base de una mejor salud. El resultado, lo dicho… mejor imagen de empresa, menos bajas laborales, mejor ambiente de trabajo y, por tanto, más productividad. Casi nada.

Las modas a veces nos encantan.

Por Paco Prado
Ilustración: Alba García