Me gusta la última canción de Malú, esa que dice que quiere el poder de desaparecer y me gusta solo por esa frase, así sin más, y estoy segura de que, a ustedes, los que la hayan escuchado, también. Porque no me negarán que de vez en cuando, aunque sea solo por un ratito, tan solo unos minutos, lo que el cuerpo, el alma y el espíritu les pide es desaparecer.

A veces con el pensamiento es suficiente y eso es lo que me ocurrió el otro día en la presentación de la nueva oferta de cruceros de la empresa Mundomar, a la que acudí con mi compañera Magda. Les cuento con más detalle. Las dos estábamos sentadas rodeadas de gente, casi todos ellos dueños de agencias de viaje, es decir, nada que ver con nosotras, además nos tocó un compañero de mesa que no paró de hablar en todo el rato, un tostón auténtico, pero bueno era lo que había y las dos intentamos llevarlo con dignidad, en ocasiones hasta nos entró la risa. Nuestra suerte cambió cuando empezó la presentación, y es que la persona que la llevó a cabo nos lo explicó todo tan bien y lo hizo tan ameno que en varias ocasiones ambas nos fuimos de viaje con él y nos visualizamos embarcadas en uno de sus cruceros, sobre todo los de la vuelta al mundo, cada ruta que presentaba nos gustaba más, tanto que al menos yo en varios momentos conseguí abstraerme de todo y desaparecer por la ruta de la seda, las islas Antípodas, Indonesia, Alaska.

Cuando esto ocurre, es decir, cuando desaparezco y estoy, pero no estoy, lo noto porque yo tengo la malísima costumbre de estar casi siempre con el ceño fruncido, incluso cuando no estoy enfadada, y noto que ese nudo se deshace y la frente se me relaja. Magda tiende a abrir mucho los ojos, así es que creo que ella también logró desaparecer, de hecho, luego lo comentamos, que qué bien cuando alguien explica lo que sabe de una manera tan amena. Bien es verdad, que el tema daba para hacerlo bonito, tanto que se ha convertido en uno de los contenidos de esta edición de Bonus. Aquí en estas líneas solo les adelanto una cosa, que si quieren llevar a cabo alguno de esos cruceros de la vuelta al mundo tengan en cuenta que, para este año, al menos en esta compañía, ya no hay plazas, qué bien que haya tanta gente que pueda realizar un sueño así. Ese dato me dio un subidón, me hizo pensar que si puedo desaparecer sentada en una silla escuchando una presentación, seguro que algún día soy la protagonista de la ruta de la seda del 2040, por ejemplo.

¡Descarga el número de Marzo de Bonus!

Por G. Peñalver