Hace unos días, en una tarde de rebajas con amiga, vi unos zapatos de tacón llenos de pedrería y brillos, estaban súper rebajados y me quedaban perfectos; sin embargo, mi amiga empezó a mirarme perpleja, primero pensé que a ella no le gustaban o que le venía fatal que me quedaran tan bonitos, le pregunté, ¿qué pasa?, me contestó con otra pregunta, ¿para qué te los vas a comprar? Y, tras un minuto de intercambio de miradas contrariadas en el que al menos en tres ocasiones volví a mirar los que ya casi eran mis nuevos zapatos, pensé, es verdad, no tenía ningún sentido gastar dinero en unos zapatos, aunque estuvieran a mitad de precio, para usarlos en una ocasión que todavía no había llegado, qué bajón, qué vacío me produjo ese pensamiento. Digo esto, porque uno no puede comprar algo y luego crear la necesidad, no puedo comprar un vestido de plumas para cuando me inviten a la alfombra roja algún día de mi vida. NO. Es verdad, primero viene la necesidad y luego la compra. Parece sencillo ¿verdad? Pues hasta esa tarde el tema este de las rebajas, sobre todo estas en las que entramos ahora, en febrero, esas que llaman las segundas o el remate final, no lo había sabido gestionar bien. Otro mantra que recordarme, primero viene la necesidad y después la compra.

Mi amiga siguió haciendo leña del árbol caído y me dijo que las rebajas también están relacionadas en cómo es tu vida, cuáles son tus prioridades. Si eres una mujer/ hombre que pasa muchas horas en la oficina, cinco días de la semana, será conveniente que inviertas en una buena camisa, unos buenos zapatos o en una prenda de abrigo que el año que viene podremos seguir utilizando. Cuando uno tiene un presupuesto no puede darse ese lujo de comprar por si acaso o comprar porque te gustó en el momento, hay que ajustarse a la realidad y esa realidad no es aburrida, es la que es, una en donde debemos ser inteligentes y maduros y vernos con estilo sin sacrificar la luz, el agua o internet en los pagos del mes. La dejé hablar, al fin y al cabo, tenía razón, y yo ya lo único que tenía eran unas poquitas fuerzas para sentir el vacío de aquellos zapatos de mi vida que otra compraría. Pues con ese espíritu les he preparado el bodegón de compras de este número, pero me he desquitado con el artículo del carnaval, porque los zapatos de mi vida me iban a dar un juego por Venecia con una máscara dorada…ten amigas para esto.

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Por G. Peñalver