Tres de mis compañeros de trabajo viajan prácticamente todas las semanas a Madrid desde Valencia en el bendito AVE, muchas veces han de sacar el billete de un día para otro y me comentaban que cada vez con más frecuencia les resulta imposible acceder a un asiento en el vagón del silencio, me pareció una gran noticia, de hecho, creo que Renfe debería tomar nota y aumentar ese servicio. Por desgracia el silencio sigue devaluado. Pero si como dicen mis compañeros ese vagón tiene tanto éxito, algo debe estar cambiando.

El silencio ha sido fuente de muchas refexiones a lo largo de todas las épocas. Al mismo tiempo, hemos saturado los sitios en los que vivimos con tantos ruidos que cada vez es más complicado encontrarlo. Esto hace que cada vez sean más las personas que al no escuchar ruidos experimentan un abismo dentro de ellas mismas, seguro que conocen a alguien que lo primero que hace al llegar a casa es encender la televisión, es como que no pueden estar sin un sonido de fondo. Tenemos un oído que actualmente está hiperestimulado. Lo más grave es que casi todos esos estímulos auditivos que recibimos del exterior son más o menos alarmantes. Rugidos de coches, bullicio, músicas estridentes, pitos, timbres…en fn…nada que inspire tranquilidad. Más allá de que estos estímulos incidan en nuestro estado emocional, la ciencia también ha comprobado que afecta el cerebro. Saben qué, que hay procesos cerebrales que solo se pueden llevar a cabo en silencio. La ausencia de estímulos auditivos tiene casi el mismo efecto que el descanso. El silencio, por lo general, lleva a que pensemos en nosotros mismos y esto depura las emociones y reafirma la identidad.

El silencio no solamente nos vuelve más inteligentes, creativos y seguros. El silencio también tiene efectos muy positivos sobre los estados de angustia. Los seres humanos somos muy sensibles al ruido. Tanto, que muchas veces despertamos sobresaltados por un objeto que cayó o por un sonido extraño. Todo esto lo dicen los expertos y también que dos minutos de silencio absoluto son más enriquecedores que escuchar música relajante. De hecho, todo indica que la presión sanguínea disminuye y que las personas logran sentirse más despiertas y tranquilas después de este pequeño baño de silencio. Entonces yo me pregunto, ¿por qué no existen más vagones del silencio?


Por G. Peñalver