Mi amiga Marta es una de esas perlas que te da la vida cuando ya no te esperas conocer a mucha gente interesante, ella lo es y encima tiene la gracia de enseñarme un montón de cosas de la vida. La cuestión es que el otro día le estaba contando una cosa, y como yo tengo en demasiadas ocasiones el mal vicio de hacer las historias demasiado largas, me interrumpió, ella es mucho de acabarte las frases, cosa que me encanta porque siempre las clava, y me dijo que lo que me pasaba es que me había puesto en modo bicho bola. No sé si será porque por circunstnacias de la vida he de pensar mucho en imágenes y mi cerebro es muy visual, pero en cuestión de segundos me imaginé a mí misma como un bicho bola y lo entendí perfectamente.
¡Qué sabia Marta! Y es que no me digan que no es una metáfora exacta para describir esos momentos, días, semanas en que nos sobra todo y solo queremos estar en un rinconcito tranquilos y que nos dejen en paz, nos molesta todo y solo queremos entonar el pobre de mí. Eso sí, no nos hagamos los fuertes, si tardamos mucho en volver a la sensatez alguien nos tendrá que ayudar, como al bicho bola a volver a caminar con los pies en la tierra.
Estamos a escasos dos meses de la Navidad y hay mucha gente que esta época del año les provoca ponerse en ese modo de bicho bola. Todo les molesta y les irrita, que en El Corte Inglés ya hayan puesto guirnaldas, que en los supermercados ya puedas comprar turrones, que ya se esté emitiendo el anuncio de la lotería, en fin, cada pequeña señal que les va dando el entorno de que la Navidad se acerca les altera. Así es que lo siento por los que no les guste esta época del año, porque en las páginas de Bonus, no en todas eso sí, ya vamos dejando señales navideñas. Lo que pasa es que yo creo que se trata de algo más profundo, de que el ser humano se ha hecho perezoso. Nos hemos acostumbrado a adaptar tanto el medio en el que vivimos a nuestras propias necesidades que nos hemos olvidado de que a veces debería ser al revés y uno mismo ha de adaptarse a lo que le rodea, porque la Navidad nos guste o no llegará y su esencia es bonita. Así es que, aunque seguro que todos vamos a tener algún día de bicho bola, intentemos no ser un aguafiestas para los que nos rodean y acuérdense de que pocos bichos bola son capaces de volver a su posición original por sí mismos.


Por G. Peñalver