Si no le gusta el otoño es que no ha visitado estos cinco destinos que le proponemos. Festival cromático que hará las delicias de su cuenta de Instagram. Todo para sus sentidos en estos cinco parajes que la naturaleza nos regala en la estación del año en la que los días son más cortos pero la luz se alía con los colores y la eterniza en su retina. No se lo pierda y anímese a hacer alguna de estas escapadas otoñales.

Selva de Irati en Navarra

Tupidos hayedos, pastizales, abetos, avellanos, sauces, tilos y limpias aguas confi guran un paisaje de colores vivos que en otoño se transforma y da lugar a una estampa en la que predominan sus impresionantes contrastes: rojos, amarillos, ocres y marrones se mezclan con el siempre verde de sus musgos y abetos. Y es que después de la Selva Negra de Alemania, la Selva de Irati (Navarra) es el segundo hayedo-abetal más extenso y mejor conservado de Europa. Se trata de una inmensa mancha verde de unas 17.000 hectáreas de extensión que, además, se mantiene en estado casi virgen. Un auténtico paraíso natural y ecológico en el que conviven diferentes fi guras de protección, como las reservas naturales de Mendilatz y Tristuibartea, o la reserva integral de Lizardoia. Además, es el entorno perfecto para disfrutar de paseos y travesías a pie, practicar cicloturismo o realizar ascensiones montañeras. También cuenta con una importante red de senderos balizados, itinerarios que se erigen como una de las mejores maneras de conocer sus innumerables secretos.

Más información: www.selvadeirati.com

El hayedo de Montejo, entre Madrid y Guadalajara

Se dice que este hayedo es el más meridional de Europa y es uno de los últimos residuos de las extensas masas forestales que poblaron la Península Ibérica tras la última era glaciar. Algunas de estas hayas son tan notables que hasta tienen nombres propios: la Primera, la del Trono, la del Ancla y la de la Roca, de más de 250 años, pero se aferra a la vida con la misma fuerza con la que sus raíces se hincan en las pizarras del suelo. Cuenta la leyenda que el bosque conocido como El Chaparral estaba habitado por duendes y hadas y que éstas, juguetonas y curiosas, gustaban de engatusar a los visitantes y caminantes del bosque con sus caricias y dulces cánticos. Estos cantos tan melosos y atractivos servían para llevar a los paseantes hasta sus guaridas y convertirlos en animales tales como la lagartija o el petirrojo, con lo que conseguían un mayor número de habitantes y mayor encanto. Hoy no hacen falta seres fantásticos para atraer a miles de personas a este lugar, basta con que llegue el otoño. Tanto es así que se ha establecido un riguroso cupo diario y sólo los muy madrugadores o los muy organizados pueden visitarlo el día elegido. Pero la espera merece la pena. Aunque el camino que muestra un guía se abre en mitad de una bóveda vegetal formada por enormes robles, abedules, acebos y serbales, al fondo esperan las reinas del bosque, las hayas que lucen sus troncos y ramas enguantados de musgo y las cabelleras encendidas de hojas pardas y amarillas que se agitan al viento. La senda camina en paralelo a un Jarama casi recién nacido en el que con suerte podrá incluso ver nutrias.

Más información: www.montejodelasierra.net

Viñedos en La Rioja

Vendimia en La Rioja. Un momento ideal para disfrutar del maravilloso paisaje que ofrecen las vides en otoño, cuando la viña adquiere un color rojizo inigualable, mientras te dejas cautivar por las grandes bondades del turismo enológico.
En esta época del año los campos de La Rioja viven una auténtica explosión de rojos, ocres, naranjas y amarillos que emergen para, después de la pisada de la uva, despedirse hasta la temporada siguiente. Decenas de bodegas apuestan por sorprender al viajero y, además de las tradicionales visitas, permiten a turistas y curiosos participar en su gran Fiesta de la Vendimia. Además de contemplar sus maravillosos campos, podrá pisar la uva, comer en un guardaviñas y hasta elaborar sus propios caldos. Más allá del ámbito vinícola, parajes como la Sierra de Ezcaray, la de Cameros o la de Cebollera se convierten en paisajes de otoño perfectos para disfrutar de la caída de la hoja o descubrir auténticos espectáculos naturales como la berrea del ciervo.

Más información: www.larioja.org

Parque Natural de Gorbeia, País Vasco

Imponentes masas de hayas y robles recubren las laderas y valles de Gorbeia, un Parque Natural entre Álava y Bizkaia en el que los vientos húmedos que penetran por el valle de Altube han permitido el desarrollo del hayedo por debajo de su altitud idónea, lo que le hace excepcional. Entre sus 20.000 hectáreas repletas de hayas, robledales, alisos, álamos, sauces o fresnos, visita obligada (especialmente cuando llega el otoño) merece el Hayedo de Otzarreta, un pequeño rincón repleto de árboles que se asemejan a grandes manos, cuyos huesudos y laberínticos dedos parecen no encontrar fi n. Un paisaje enigmático y cambiante que cuando llega el frío adquiere una apariencia misteriosa, cautivadora y, sobre todo, fascinante.

Más información: www.gorbeiaeuskadi.com

Parque natural Montseny, Barcelona

A solo 50 kilómetros de Barcelona, el Parque de Montseny se alza como uno de los espacios naturales con mayor riqueza ecológica y geológica de nuestro país. Declarado patrimonio universal y reserva de la biosfera, este lugar es un auténtico mosaico de paisajes impresionantes formado por una diversidad natural (casi) infi nita: ecosistemas mediterráneos (encinares, alcornocales o pinares) que, en las zonas más altas, dan paso a las hayas y abetos, y que se mezclan en el centro con los grandes robledales. Una diversidad natural y paisajística que dibuja en otoño una estampa con una variedad de colores sencillamente inigualable.

Más información: www.turisme-montseny.com

Por G. Peñalver