¿Ha pensado alguna vez en todas las cosas que solo se pueden hacer en determinados momentos del año? Comer roscón en Navidad, encender hogueras por San Juan, llevar botas de agua… Ahora que es verano, hay cosas típicas, pequeños placeres, que tienen los días contados. Apunte algunas de las propuestas que acompañan las páginas de esta nueva edición de Bonus y que este año no se le pase ninguna, ¡cumpla con todo! Veranee. Y si es de aquellos que se pasa el resto del año ideando el viaje del verano y los aeropuertos se convierten en punto de partida de su felicidad estival, no se pierdan el reportaje sobre estos lugares que tan encontrados sentimientos nos desatan, verá como algunos de los cambios que estos espacios públicos están viviendo le sorprenderán. Deje que su viaje comience en el aeropuerto.

La playa. Podemos hacer de la playa nuestro segundo hogar, la playa es la playa y tiene un millón de posibilidades, pero hagamos algo más aparte de estar tirados al sol. No dejemos que nuestro cerebro se derrita como los relojes de Dalí. Puede ir y leer, escuchar música, pasear, correr descalzo, buscar conchas, enterrar a sus hijos y hacerles un castillo de arena con fosa y todo para que entre el agua, jugar a las palas, ver el atardecer y dejarse llevar por las olas.

Aproveche para dormir siestas o para en esos ratos engancharse a la serie de la que todo el mundo le habló el pasado invierno, pero entre los deberes, el trabajo y las actividades extraescolares apenas le quedó tiempo para cenar en familia y dormir. Haga de estos meses un canto a la vida, haciendo cosas bonitas, ¡seguro que se le ocurren un montón! Cantar, hacer un puzzle, montar en bici, comer helados… Terraceo. Pero no solo en una terraza de calle, de las que tienen al lado la carretera. Cene en un restaurante con jardín, en una de las azoteas de la ciudad, en la plaza más característica del lugar o en ese rincón que solamente conocen cuatro. Incluso en casa, convierta su terraza, aunque sea pequeñita, en una estancia más de su hogar y dele vidilla, que ya tendrá tiempo de estar encerrado entre cuatro paredes cuando venga el frío. Hártese de comer fruta. Si hay algo que apetece en verano son las cosas fresquitas y con mucha agua para rehidratarse. En los meses estivales hay una gran variedad, así es que dele color al frutero, que está aburridito ya de tanto plátano. Coma todas las que pueda, son maravillosas para el organismo, que ya vendrán los meses de sopitas. Disfrutar de una buena película en una noche fresca, a la luz de las estrellas o al relax de una tumbona. En muchos canales ponen películas clásicas, en muchos otros los últimos estrenos, da igual…

¡Qué viva el tumbing y quien inventó los cines de verano! Ya ven, casi sin darnos cuenta, hemos hecho una lista larga de placeres (confesables) veraniegos, ahora ya solo me queda, con su permiso, contarles el mío: no secarme el pelo. Ya ven, qué cosa más simple, pues oiga a mí me da la vida, así es que tres hurras por el verano…

Por G. Peñalver