Con el invierno ya en nuestros calendarios (que no en todas nuestras calles, dependiendo de la residencia de cada cual), aumenta el interés por los destinos de montaña. No es de extrañar… Después de tanta Navidad, familia y comilonas copiosas en ambientes repletos de gente, ¿a quién no le apetece una escapada a algún lugar lejano? Montaña, nieve y chimenea. Ver un paisaje idílico tras los cristales de un hotel bonito en algún lugar donde la cobertura no exista. Una copa de cava, música suave y el crepitar de los troncos que se consumen en el fuego. Todo ello, claro está, después de un día de esquí en las mejores pistas del planeta. No hay mejor manera de empezar el año, ¿no cree?

Aspen, Estados Unidos

En el corazón de las Montañas Rocosas se sitúa el pueblo de Aspen. El pueblo está 100% orientado al turismo con múltiples servicios y una exquisita arquitectura victoriana.

Esta estación de esquí está formada en realidad por cuatro estaciones distintas Aspen Mountain, Aspen Highland, Snowmass y Tiehack, las cuatro están conectadas entre sí por ski-bus que suponen un entramado de más de 495 km de pistas de esquí de una excelente calidad, y con una magnífica nieve polvo a una altura entre los 2400 m y los 3700 m y pendientes para todos los niveles. Desde que se pusiera de moda en los años cincuenta, no ha dejado de ser visitada por los personajes más relevantes del panorama internacional.

La diversión en Aspen no termina al acabar la jornada de esquí, muy al contrario, pues existen más de 300 tiendas y boutiques exclusivas, 40 galerías de arte y más 100 restaurantes para ir a cenar en grupo, pareja o familia, con ofertas gastronómicas étnicas a elección.

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Chamomix, Francia

La estación de Chamonix se encuentra en la ciudad francesa del mismo nombre, situada en la Alta Saboya, a 15 kilómetros de Suiza y a la misma distancia de Italia. Las tres fronteras se unen en la cumbre del Mont Dolent.

Chamonix es el lugar donde nació la modalidad de esquí de fondo y es uno de los centros de esquí más populares en Europa. Su nieve es inmejorable, además, una oferta gastronómica y de ocio con la que disfrutar después del esquí convierten a este rinconcito francés en un destino ideal en el que desconectar unos cuantos días.

Tiene 600 km de pistas esquiables y dispone de 68 pistas de esquí alpino, de las cuales 33 son azules, 26 rojas y 9 negras.

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Val d’Isere, Francia

Las montañas de Francia esconden uno de los paraísos preferidos para los amantes del esquí en Europa. Volando hasta París o Lyon y cogiendo un coche para recorrer los 30 kilómetros que separan estas ciudades con Val d’Isere se adentrará en el paraíso blanco que aprecia en las fotos.

Val d’Isère forma junto a Tignes el llamado Espace Killy, el que dicen que es el espacio para esquiar más bonito del mundo. Lo comprobará cuando vea esas increíbles cumbres de 4.000 metros rodeando la estación. Las dos montañas de Val d’Isère, Solaise y Bellevarde, ofrecen desde laderas simples para principiantes hasta los recorridos fuera de pista más exigentes. La pista Bellevarde es uno de esos descensos míticos para esquiadores de élite. Cuando la complete, independientemente del tiempo que haya utilizado para hacerlo se le entregará un diploma de reconocimiento.

Pero no solo las pistas de esqui hacen de este destino blanco uno de los preferidos por los amantes de la nieve. Tras acaba la jornada en las pistas podrá disfrutar de un ambiente selecto en el que abunda la buena música en directo, las boutiques y la vida cultura y de ocio.

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Narvikfjellet, Noruega

Cerca del Polo Norte descansa esta estación de esquí poco frecuentada pero muy apreciada por quienes la conocen. Compuesta por 9 pistas preparadas y 4 naturales ofrece al esquiador múltiples opciones para disfrutar de la experiencia del esquí. Además, el paisaje natural que envuelve esta estación es digno de admirar, pues el fiordo Ofotjord es totalmente visible desde las pistas.

Narvikfjellet está situada en el centro de la ciudad y es el destino perfecto para quien huye de los destinos de moda. Sus pistas son las más verticales de Noruega contando algunas de ellas con un desnivel de 900 metros.

El hecho de estar en el Círculo Polar Ártico nos ofrece la opción única de poder contemplar la aurora boreal. En ese estado espiritual la naturaleza escandinava brinda todas las posibilidades para disfrutarla. En noviembre una gran cantidad de orcas se reúnen en el fiordo para alimentarse de los arenques mostrando un espectáculo digno de contemplar.

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